No podría una palabra describir mejor a esta película que la que le da nombre. Odio, odio y más odio es el que vemos en esta contundente representación. Son tiempos de tensión en los barrios de París, y especialmente en los barrios pobres y marginados. Una historia basada en hechos reales, cuyos protagonistas, tres jóvenes de raza árabe, judía y negra, viven desgarradoras aventuras, que a más de uno, pueden hacer cerrar los ojos.
Música reggae abre el telón de la película, entre disturbios y violencia, quizás el ritmo jamaicano sea lo último y más pacífico que nos encontremos, aunque el campo de batalla que podemos ver no sea el ideal para sentarse a escuchar música. Lo más parecido a armonía que veremos será la amistad que une a estos tres jóvenes, siendo ésta aún así quizás una forma difícil para entender las relaciones humanas propiamente amigables. Pero en los barrios pobres y marginados, el escaso nivel cultural, la discriminación, la ley de la calle, hace la educación y ésta no podía por lógica ser de otra forma. Lenguaje, comportamiento y formas propias de los jóvenes que nacen en medio del caos, donde el mundo que ven es lo que son.
El guión, al igual que la dirección, se merecen un diez, por ser contundentes y perfectamente estructurados, van dando paso a la intervención de los personajes con el difícil papel de ser lo más realistas posible, teniendo en cuenta que la vida tal y como sucede es, sin duda, la mejor puesta en escena. Pasan las horas y avanza el drama de la triste realidad, se suceden las historias que sería mejor no tener que contar, y cada vez va subiendo la intensidad de las mismas. Llegaremos a ver imágenes sobrecogedoras, no aptas para todos los mortales. Especialmente destacan algunas donde se viven grandes momentos de tensión y muy probablemente llegaremos a no parpadear viendo las imágenes, sin saber si sucederá lo peor, y otras donde se llega a consumar el más triste y repulsivo acto cometido por los humanos, donde algo inexplicable impulsa a tomar la decisión de acabar con la vida de alguien. ¿Cuál es el detonante que incita a una persona el perpetuar tal irracionalidad? Quizás en esta película descubramos algo sobre esto.
Es en estas escenas tan fuertes donde sin duda vemos sobresalir la interpretación de Vincent Cassel, con un rico e impecable repertorio de lenguaje gestual, nos traslada esa agonía sufrida en toda la obra, que alcanza gran magnitud en los momentos de más tensión. El actor realiza el papel de Vinz, obsesionado con la idea de matar a un policía, es una bomba de odio rodante que salpica al espectador con su sufrimiento y sin duda conseguirá que éste se plantee nuevas preguntas: ¿Cuál es la causa de ese odio enfermizo y de ese radicalismo? La respuesta es todavía más desconcertante. Desquiciado, nervioso, perturbado y perturbador, Vinz va sembrando el miedo y la inquietud allá por donde pasa. Pero sus amigos, no se quedan atrás, aunque Hubert y Said aportan dosis de responsabilidad y humor, respectivamente. ¿Podrán así frenar el deseo de matar de Vinz?
Los cortes son inteligentemente maquillados entre pistoletazos, muchas veces producto de la imaginación de Vinz, para retratar con la fuerza del gatillo grandes escenas, grabadas por una cámara en continuo movimiento, que se adelanta, rodea, se sitúa en todas las direcciones posibles respecto de los personajes, formando planos secuencia de enorme calidad. Es también la precisa profundidad de campo, un elemento más del montaje ante el cual bajarse el sombrero, ya que veremos grandes primeros e increíbles segundos planos, en los cuales en ocasiones se graban dos sucesos simultáneamente, como sucede en los momentos más impactantes del film. Fondos a veces desenfocados, aportan otro granito más de arena para la perfección de las imágenes. Todo el rodaje se realiza en blanco y negro, lo que crea una atmósfera gris ideal para la ocasión.
Un ambiente grisáceo para un odio que se hace hueco entre las tinieblas invisibles de los cimientos de nuestra civilización moderna. Una Europa cuanto más tendente a la globalización, al desarrollo, al bienestar, etc; contradictoriamente más discriminatoria, desigual, perdida, violenta. Lucha de clases, choque de culturas, son algunas de las consecuencias generadas por el distanciamiento cada vez mayor de riqueza y pobreza, de educación e ignorancia, etcétera. Mas no podemos argumentar con estos factores todo el odio generado, ya que desmesuradas y exageradas respuestas policiales dejan el interrogante en el aire al porqué de tanta violencia gratuita y odio sin razón. El racismo pudiese ser probablemente una respuesta lógica a este inaceptable comportamiento, por parte de quienes, se supone, protegen a los ciudadanos. Un racismo que en Francia ha alcanzado nuevos éxitos, como hemos visto con Jean-Marie Le Pen en la política actual, neo nazismo creciente como vemos en este film, donde las bandas de skinheads proliferan y son indeseados protagonistas en el día a día urbano. En definitiva, la violencia conlleva violencia, y una cadena de injusticias va desatando una cada vez más gigantesca ola de reacciones, por todas las partes involucradas. ¿Cómo frenar ese odio? Ardua tarea, una vez que se ha alimentado a la bestia.
Muchas preguntas pero pocas respuestas fáciles, dejando a un lado toda explicación, toda argumentación, creo que después de mucho reflexionar, después de ver este film, seguiremos teniendo las mismas dudas y las mismas preguntas, es la historia de una sociedad que se hunde, en la cual el odio no puede ser entendido más allá de lo que es, odio.


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