Sin duda, uno de los grandes genios de la Historia del cine, tanto por su gran técnica como por su nivel intelectual es Kubrick, director norteamericano que será recordado por siempre, con tan solo trece películas, pero todas ellas de una calidad asombrosa. Nacido en Nueva York, en 1928, fue aclamado por haber creado films tran estrovertidos como “La naranja Mecánica”, tan técnicamente elaboradas como “El resplandor” y grandes obras antibélicas de un enorme valor crítico, como “Senderos de Gloria” y “La chaqueta metálica”.
Son estas películas, las que sitúan a Kubrick en su gran merecido puesto de entre los mejores de los mejores, y con su posición siempre crítica con la guerra, los responsables de ellas, la hipocresía y las mentiras, la crueldad humana, etc; se arriesgó en su tiempo a recibir un aluvión de críticas negativas, ya que no interesa a unos cuantos, que instituciones como el ejército o los altos cargos de un país queden desenmascarados. Pero una de las cosas que diferencia a los genios de los mediocres, es que no suele importar a éstos, el ladrar que se levanta con el cabalgar, y aunque políticamente algunos estén molestos, nada podrían decir en contra de su técnica, pero normalmente los encargados de la censura no se detienen a pensar tanto. Así fue que “Senderos de gloria”, del año 1957, fue censurada en varios países, entre los cuales no podía faltar la España del franquismo. No es de extrañar que ese régimen dictatorial no diese el pasaporte de entrada a “Senderos de Gloria”, pues como en toda dictadura sentía un especial amor por el militarismo. Ese militarismo arcaico e ilógico con el que nos amenazaban continuamente y que Stanley Kubrick, con toda precisión y detalle, analizó y describió con profundidad.
Pero no contento con su primer grito en el cielo a favor de la razón, Kubrick crea entre sus films finales “La chaqueta Metálica”, una gran culminación de coherencia en su pensamiento, cargada de antibelicismo esta vez.Una adaptación del libro “The Short Timers”, de Gustav Hasford, escrito entre 1969 y 1976, y publicado en 1979. “La Chaqueta Metálica” (Título original, “Full Metal Jacket”, que se refiere a la cobertura metálica de las balas) fue rodada en 1987 y convulsionó el panorama cinematográfico del momento, algo que sucedía a menudo con Kubrick. Destaca por su realismo, elaboración y por supuesto, por todo lo que trasmite, que en contraposición con otras películas de Vietnam que nos dicen nada, nos muestra y enseña la realidad para que de ella saquemos conclusiones.
Más tarde Kubrick solo realizó “Ojos bien cerrados” en 1999, año en el que falleció, el día 7 de marzo. Su muerte se produjo rodeada de un gran misterio en su casa de campo de Inglaterra. Se fue un gran genio, pero sus ideas, su forma de entender el cine, y sus grandes obras, permanecerán para siempre. Esperemos que muchos norteamericanos y, por supuesto, gente de todo el Mundo, puedan aprender sobre su visión de la guerra, y aunque nadie se pueda creer tal esperanza, luchemos por un mundo sin guerras.
De “Senderos de gloria” a “La chaqueta metálica”
Treinta años trascurrieron entre ambas películas, y ninguna de las dos podría convertirse en mi favorita a día de hoy, ya que ambas son de un valor incalculable y guardan similitudes en su técnica y tema, aunque la segunda demuestra la evolución del pensamiento de Kubrick. La primera cuenta la historia de unos soldados condenados injustamente por cobardía y está ambientada en la Francia de la Primera Guerra Mundial; la segunda nos traslada a episodios más recientes de la Historia, la guerra de Vietnam.
En el primer film, Kubrick nos acerca a una historia de guerra, donde los delirios de dos generales, llevan al ejército francés al ataque de suelo dominado por los alemanes, que se presumía de antemano inalcanzable. Pero la comodidad de dictar órdenes desde una posición de seguridad con respecto a los soldados, y la ambición de quien no teme perder lo que solo es para ellos, una cifra de soldados; lleva a una unidad triunfante hasta entonces, a librar una batalla, en la cual todo sale mal y se convierte en un infierno. Después de que un perturbado coronel ordenase incluso bombardear a sus propios hombres y tras el fracaso latente de tan desquiciados planes, varios hombres son condenados por no haber podido avanzar en un consejo de guerra. Un infierno reflejado a través de una puesta en escena formidable. Es esta puesta en escena un punto en común con “La chaqueta metálica” que no se queda atrás y reproduce a medida lo que es el cruel y duro campo de batalla, en una de las guerras menos exitosas de EEUU. Esta película nos cuenta en su primera parte, lo que es la instrucción militar, donde un soldado no puede soportar la presión y termina por suicidarse, asesinando antes a un coronel que más bien parece un creador de animales y máquinas de matar. Luego los soldados se desplazan a Vietnam, donde empieza “la segunda realidad” y es entonces cuando los norteamericanos van cayendo en los enfrentamientos, narrados con gran realismo.
Es este realismo trasmitido con el desplazamiento, combinación y colocación de la cámara, un medio que Kubrick maneja al antojo, con la calidad de un genio en ambas películas. Por las trincheras francesas pudimos ver espectaculares travellings que nos situaban como si fuésemos alguno de los nerviosos personajes moviéndonos en tal dramática situación. La misma sensación, de sentirnos muy cerca del papel de los personajes, es transmitida en “La chaqueta metálica”, debido a la cercanía de la cámara con los combatientes y a cómo ésta captan los inesperados ataques, tal y como se podrían dar en la vida misma. El movimiento de la cámara y sobre todo su colocación, es magistral, y sus cambios de ángulo y perspectiva nos van dando una idea muy aproximada de lo que es la guerra, así se esconden tras una ventana o edificio, como si fuera la mirada de los soldados. Destacan en la primera obra, los primeros planos, que en ocasiones se van transformando en escenas panorámicas, debido al retroceso de la cámara en momentos tan duros como el fusilamiento de soldados. En el segundo film una cuidada composición fotográfica, con una gran utilización de técnicas que profundizan en la imagen, como son la correcta utilización de diagonales, objetos en segundo plano, etc. elaboran un minucioso encuadre. El humo que se respira en las trincheras contrasta con los edificios en llamas de Vietnam, donde explosiones y tiroteos enfrentan a diferentes ejércitos, en similares circunstancias.
Estos hechos son acompañados de una banda sonora espectacular en “La chaqueta metálica”, la cual sirve para enfatizar la tranquilidad de los momentos sin acción y por el contrario, a modo de inquietantes e intrigantes sonidos, trasladar el miedo de los personajes. Son los redobles, el sonido de platillos, etc, elementos que aparecen en ambas películas, si cabe en la primera es más significativa su utilización, debido a la mayor ausencia de música.
Una buena representación de algunos de los papeles como el de Kirk Douglas o Lee Ermey, son otros elementos que sin duda nos sitúa en lo que Kubrick quiso trasmitir, mensaje que no tendría sentido por sí solo y que merece ser visto para ser entendido, y conocer así mejor el tema de fondo en común en estas grandes obras. Un mensaje antimilitarista y en la segunda obra también antibélico, que hizo que Kubrick no fuera un simple patriota más, sino un crítico con su país y esta sociedad, único e histórico.

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